Hace un tiempo te recomendé por correo un libro: Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen R. Covey. Te seré sincero: lo leí hace años y ya no me acuerdo de todo. Pero hay ideas que se me quedaron grabadas y que, casi sin darme cuenta, aplico cada día en Cestería Aparici, entre proveedores, clientes, el equipo, la asesoría y los informáticos.
No te voy a resumir el libro, que para eso está el libro. Te voy a contar lo que me quedó de cada hábito y dónde me lo he encontrado yo, llevando un negocio familiar que va ya por la tercera generación.
1. Ser proactivo: cuando mis padres quisieron cerrar
De este hábito me quedó una idea sencilla: hay cosas que dependen de ti y cosas que no, y la energía hay que ponerla en las primeras. Cuando mis padres me dijeron que querían cerrar la empresa, me lancé a la piscina de coger el negocio y renovarlo, y desde entonces he tirado adelante con mis errores, que también los ha habido.
2. Empezar con un fin en mente: saber a dónde quieres llegar
Antes de ponerte a hacer, hay que tener claro a dónde quieres llegar. Yo entré en la empresa como una locomotora, con muchas ganas de hacer, y a mi pobre madre la mareé, esa es la verdad. Con los años he aprendido que las ganas sin un destino claro cansan a todo el mundo, también a ti.
3. Primero lo primero: el día se lo comen los incendios
Proveedores, clientes, el equipo, la asesoría, los informáticos… Cada día hay incendios, y si los dejas, se comen todo tu tiempo. Lo que me quedó es que lo urgente no siempre es lo importante, y que lo importante, si no le haces sitio en la agenda, no llega nunca.
4. Pensar en ganar-ganar: nosotros ahorramos tiempo y tú, dinero
Un buen trato es el que deja contentas a las dos partes. Lo tengo muy presente con los profesionales: cuando hacemos una oferta, la explicamos así, nosotros ahorramos tiempo y tú, dinero. Si en un trato solo gana uno, la relación no dura.
5. Primero entender, después ser entendido: el cliente antes que el ego
Es el que más me ha marcado. Tus clientes van a impulsar tu negocio si los entiendes y trabajas por y para ellos, dejando el ego aparte. Por eso intento escribir siempre pensando en quien lee y no en quien escribe: primero lo que tú quieres conseguir y después lo que tienes que hacer para tenerlo.
Y con los conflictos, una frase que escuché hace unos años y que me cambió la forma de verlos: «Cuando apuntas a una persona con un dedo, otros tres apuntan hacia ti». ¿No te lo crees? Apunta ahora mismo a la pantalla en la que estás leyendo esto y cuenta cuántos dedos te señalan a ti.
6. La sinergia: lo que no hago solo
Juntos se llega más lejos que cada uno por su lado. Lo he vivido en proyectos con otras empresas, como los regalos de empresa con Begin, el diseño de producto con Onceb o los acabados con Lacados El Rullo. Y también en el podcast, donde cada invitado me enseña algo que yo solo no habría visto.
7. Afilar la sierra: parar para no romperse
El último hábito habla de cuidarse: descansar, aprender y cuidar a los tuyos, porque una sierra que no se afila acaba sin cortar. Yo decidí llevar el negocio solo, entre otras cosas, para mantener mi familia intacta, y aun así cada vez que veo a mis padres acabamos hablando del negocio. Es el hábito que más me cuesta.
¿Y tú, qué libro me recomiendas?
Si tienes el libro en una estantería, quizá sea buen momento para volver a él. Y si me recomiendas otro que te haya servido en tu negocio, te lo agradeceré.
Mientras tanto, en el podcast de Aparici hablo con otras empresas sobre cómo trabajan, y de cada conversación me llevo alguna idea como las de este libro.


